Siempre me he preguntado a partir de qué edad podría hablar a mi hijo sobre la Segunda Guerra mundial y sobre el Desembarco. Sin embargo, muy pronto me di cuenta de que mi chico era un apasionado de la Historia y de las historias. Tanto que, al final, decidimos visitar Normandía y las playas del Desembarco para compartir una porción del pasado disfrutando de un precioso viaje rodeados de patrimonio y de cultura. Os cuento nuestra experiencia por las Playas del Desembarco y por los lugares importantes de la Batalla de Normandía. Aprender divirtiéndose, aunque sea sobre un tema tan serio, es posible. ¡Sígueme!

¿Con cuántos años podemos enfrentar a los niños a la Historia?

Enfant à Arromanches sur les plages du Débarquement - D-Day

Me presento. Me llamo María y mi hijo, Pablo. Solemos irnos de viaje con una pareja de amigos y su hijo, Álvaro. Nos encanta viajar juntos porque compartimos la misma forma de viajar, las mismas ganas de descubrir mundo, nuestros hijos son más o menos de la misma edad y se llevan fenomenal. Ninguno de nosotros conocía Normandía y nos hacía ilusión compartirlo con los niños. Pablo y Álvaro tienen 10 y 11 años, y tienen en común una gran afición por la Historia. Sabíamos que iban a aprender muchas cosas y que sería un viaje inolvidable. Reservamos un hotelito en Bayeux, una preciosa ciudad con callejuelas adoquinadas muy bien situada para descubrir las playas del Desembarco.

Una playa, una historia…

Día 1. Llegamos a Courseulles-sur-Mer. Apenas hemos aparcado en el parking del Centro Juno Beach, los niños corren hacia la playa. El mismo lugar en el que las tropas canadienses desembarcaron en 1944. De forma espontánea, Pablo me pregunta: «Mamá, durante el Desembarco, ¿había marea alta o marea baja?». Le contesté que había marea baja y que el mar estaba bastante más agitado que hoy. Entramos en un búnker y los niños no paran de hacernos preguntas. Empiezan a fingir una batalla y prefiero pararles los pies: «¡Nada de batallas, por favor!». Les enseñamos la señal «Prohibido andar por las dunas». Estamos en un espacio litoral protegido.

courseulles-sur-mer

Juno Beach – Playa de Courseulles-sur-Mer – Día D © Danielle Dumas

El Centro Juno Beach: un museo pensado para los niños

A pocos metros de la playa, se encuentra el Centro Juno Beach, el museo canadiense de las Playas del Desembarco. En el exterior, el tótem llama la atención de los niños. Este lugar de culto ha sido creado por «auténticos» inuits, descendientes de los primeros habitantes de Canadá. En el museo conocemos a Vincent, uno de los jóvenes guías quebequeses. Nos cuenta con su «acento divertido», como dice él, cómo va  a ser el desarrollo de la visita. Empezamos. La película de 4 minutos se proyecta en lo que recuerda un barco de fondo plano. Los testimonios sonoros nos sumergen en la historia de estos soldados y de las familias que les esperaban en su país.

A continuación, nos encontramos en el espacio dedicado al Canadá de los años 30. El recorrido «Explore Juno en famille» es nuevo. Aquí, los niños pueden tocar lo que quieran con sus manos, ¡es muy divertido! Álvaro escucha información, junto a su padre, acerca de la discriminación existente en los años 30 en Canadá. Un país de acogida … pero no igual para todo el mundo. Hay que planificar como mínimo 1h30 para visitar el museo. Al final de la visita, nos divertimos contando los «puntos positivos» cosechados, «puntos amapolas». Se trata de la primera flor que creció en los campos de batalla después de la Primera Guerra mundial. Al final de la tarde, regresamos a Bayeux. ¡Esta noche cenaremos crêpes!

La etapa imprescindible: el puerto artificial de Arromanches

Día 2. Hoy nos hemos levantado pronto y el sol nos acompaña. Llegamos a Arromanches hacia las 9h30. La hora ideal, antes de que llegue la ola de visitantes. Hemos aparcado cerca de la playa, en un barrio residencial donde se paga por estacionar el coche. Si no hubiese hecho tanto frío, habríamos aparcado arriba del todo, cerca del museo de Arromanches 360. En verano, podemos coger un autobús gratuito. Rápido, caminamos por la arena de una larguísima playa. Un lugar muy agradable. El rocío de la mañana nos espabila, así como el recuerdo de estos hombres que construyeron este puerto artificial impresionante. Con marea baja, el primer bloque de hormigón está accesible. ¡Un lugar ideal para que los niños jueguen al pilla pilla! Antes de irnos, Pablo y Álvaro se hacen un selfie delante del mural «Please, no more war, love» (literalmente: por favor, no más guerra sino amor»). Les decimos que tengan cuidado porque la acera es muy estrecha en esta parte y el mural se encuentra en una curva.

Una comida al aire libre

Para comer hemos decidido hacer un pícnic. Para ello, nos vamos a Saint-Laurent-sur-Mer, frente a la estatua Les Braves. La marea sube. Los niños corren alrededor de la estatua. Cuando nos ponemos a recoger, una tropa de soldados holandeses pasa por la playa. Sorprendido, Pablo pregunta: «Mamá, ¿vienen a defendernos?». Le contesto que no, que todo va bien, que no es necesario. Nos apetece tomar un café así que nos acercamos al bar restaurant el D-Day House, donde nos acogen con una gran sonrisa. Al poco rato, nos dirigimos al Cementerio americano de Colleville-sur-Mer. Pensábamos acercarnos también a la Punta du Hoc, un lugar impresionante con sus cráteres excavados por los bombardeos, pero no nos va a dar tiempo. La próxima vez será. 

Las 9386 cruces del cementerio americano

Aparcamos en un gran parking. Hay mucha gente ese día, pero tampoco es como en verano. Oímos hablar en inglés o en americano, no siempre es fácil diferenciarlos. Al inicio de la visita, nos paramos frente al gran espejo de agua que, visto desde la distancia. parece que se sumerge en el mar. Un mapa indica el progreso de las tropas. Nos encontramos delante de la tristemente famosa Omaha Beach (playa de Omaha). Difícil imaginar, en este decorado repleto de pinos marinos y de largas playas de arena, que miles de soldados murieron aquí. La imagen de estas 9386 cruces, de un blanco inmaculado, es impactante. Pablo y Álvaro se meten entre las cruces y leen en voz alta un montón de nombres: «Kenneth», «Frank», «Albert»… Una forma de rendir homenaje, a su manera, a los soldados desaparecidos. 

Cimetière américain de Colleville-sur-Mer © Danielle Dumas
Cimetière américain de Colleville-sur-Mer © Danielle Dumas

La ceremonia de los colores: la emoción en su punto culminante

La ceremonia de descenso de la bandera americana se celebra cada día, a las 16h o a las 17h, en función de la estación del año. Los visitantes comienzan a afluir. Hoy hay muchos adolescentes y preadolescentes. Se instala el silencio en el lugar. La bandera americana se baja y se dobla cuidadosamente al son de la corneta. Suena entonces el toque fúnebre bajo un silencio solemne y el viento que se levanta. Dejamos este emblemático lugar de memoria. Este circuito ha permitido explicar a los niños sobre el terreno este momento trascendental de la Historia. Un momento importante, para nosotros, para inculcarles valores de paz. Regresamos a Bayeux. El día siguiente lo dedicamos a pasear por esta bonita ciudad medieval, que se salvó milagrosamente de los bombardeos de 1944. Nos tomamos nuestro tiempo y trasteamos en algunas tiendas. Disfrutamos del momento y medimos la suerte que tenemos de vivir en un país en paz. 

Cimetière américain de Colleville-sur-Mer © Danielle Dumas
Cementerio americano de Colleville-sur-Mer © Danielle Dumas

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