Desde París hasta Le Havre, pasando por Rouen, el Impresionismo dejó profundas huellas que hoy en día nos proporcionan experiencias por vivir. Estamos en la cuna de un movimiento que revolucionó la historia del arte y que desde entonces ha dado la vuelta al mundo.

Los inicios

Bras de seine près de Giverny Claude Monet - impressionnisme
Claude Monet, Bras de Seine près de Giverny, Brouillard, The Metropolitain Museum of Art © The metropolitan museum of art

Todo empezó en Le Havre con el lienzo Impresión, sol naciente que Monet pintó en 1872 y que dio nombre al movimiento. En el puerto, el joven artista captó una vista instantánea de sol que descompuso en distintos toques. El resultado provocó una sensación inmediata gracias a la vibración del color, en una época en la que el realismo privilegiaba los sujetos históricos y religiosos, reproducidos con detalle. Una panda de amigos, dentro de los cuales estaban Monet, Renoir y Pissarro, se lanzó en esta aventura del arte moderno.

París, revolución pictórica

Peinture d'Edgar Degas : répétition d'un ballet sur scène - impressionnisme
Edgar Degas, Répétition d’un ballet sur la scène, RMN-Grand Palais (Musée d’Orsay © The metropolitan museum of art

Capital de las artes, París fascinaba a los pintores por su vida trepidante. Degas captó el ambiente de la ópera, Caillebotte se impregnó de la efervescencia de las grandes avenidas y Renoir se sumergió en la animación de Montmartre. Manet, Monet y Pissarro plantaron también sus caballetes en la capital. Después de haber sufrido las severas críticas de los Salones oficiales, a partir de 1890 fueron ganando poco a poco el interés del público. París estaba repleto de lugares evocadores del Impresionismo y vibraba  con este espíritu de fiesta, tan querido por los pintores. De hecho, en esta ciudad encontramos la colección de lienzos impresionistas más grande del mundo.

Los alrededores de la capital se convirtieron igualmente en campo de exploración. Con el desarrollo del ferrocarril y la aparición de los tubos de pintura, que permitían mayor movilidad, los pintores del aire libredesarrollaron nuevos motivos.

El Sena, los colores de la felicidad

En sus lienzos vibran felices escenas costumbristas. En Chatou, Bougival o en la isla de la Jatte, se desprende un ambiente alegre compuesto de guinguettes (bailes populares a orillas de los ríos) y de paseos en barca captado por los Impresionistas. El almuerzo de los remeros de Renoir o El estanque de las ranas de Monet dan fe de ello. Los caballetes viajaban por los meandros del río Sena y hacían escala en pueblos bucólicos como La Bouille, que todavía conserva hoy en día su carácter encantador. En el meandro, río arriba, Rouen fue un taller de experimentación para los impresionistas. Durante el día, la ciudad cambiaba tanto de humores como de colores. Entendemos por qué Monet pintó ahí sus Catedrales y Pissarro se apasionó por su barrio fluvial. Por último, ¿cómo no mencionar a Giverny? Monet eligió este pueblo de la provincia del Eure para establecer su jardín-taller en 1883. Vivió ahí, y allí pintó algunas de sus obras más famosas, como sus series dedicadas a los Almiares, los Álamos y los Nenúfares.

Normandía, musa de los impresionistas

La asociación de Normandía con el Impresionismo es natural, ya que entre ambos se produjo una correspondencia geográfica e histórica. Esta pintura del instante nació bajo los cielos incomparables de Normandía, a lo largo de sus orillas luminosas y de sus verdes valles, lejos del sombrío bosque de Barbizon. Estas luces, tan peculiares, de Normandía inspiraron a numerosos artistas que marcaron para siempre la historia del Arte. 

En su infancia, Delacroix pasó sus vacaciones cerca de Fécamp. Pintó los acantilados de Étretat mucho antes que Courbet y Monet, y fue el primero en experimentar pintando con pequeños toques en forma de coma y yuxtaponiendo colores, técnicas tan queridas por los impresionistas. El Mar desde las alturas de Dieppe fue el resultado de esta primera incursión artística.

Millet, originario de una aldea costera del norte de la península del Cotentin y posteriormente residente de Le Havre, supo representar a los campesinos normandos con mucha cercanía. Courbet, a partir de 1840, vino a buscar la inspiración en las costas normandas convirtiéndose en un asiduo visitante de Dieppe. Degas descubrió siendo muy joven el Haras du Pin. En el hipódromo de Argentan pintó sus primeras carreras ecuestres. Renoir se reunió en Dieppe con sus amigos Monet, Blanche y Pissarro. Otros artistas pertenecientes a diferentes movimientos pictóricos se dejaron seducir a lo largo de los años por las musas de la naturaleza normanda.

Redactado por Vinciane Laumonier

Los paisajes pintados por los impresionistas

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