Los vestigios del inmenso conjunto abacial situados al abrigo de un meandro del Sena forman un decorado cautivador. Centro cultural y artístico de primer nivel, la abadía protegida de los reyes porta las marcas de los largos años pasados velando por la región.

UNa historia agitada

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Couple de motards devant les ruines de l'Abbaye de Jumièges

Situada entre los monstarios más antiguos e importantes de Occidente, Jumièges ha vivido una historia agitada. Fundada en 654 por Saint-Philibert, cortesano del rey Dagobert I, la abadía ha sido dañada muchas veces, pero su gran silueta aparece gravada para siempre en el paisaje. Destruida en 841 por los Vikingos y posteriormente durante la guerra de los cien años, finalmente vio como sus edificios sirvieron como cantera de piedras al final de la Revolución. Desnudada, sus restos todavía poseen un cierto poder. Los vestigios del claustro y de los edificios del convento aparecen dominados por las impresionantes torres gemelas de 46 m de altura que encierran la fachada romana del edificio. El jardín y sus árboles centenarios muestran la dimensión de aquello que Victor Hugo llamada «las ruinas más bellas de Francia«. Bajo un manto de piedra calcárea blanca, vigilando las orillas del Sena, vive al ritmo de las estaciones, elegante y secreta.

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Visiteurs à l'Abbaye de Jumièges

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