Viajar en familia por Normandía resultó muy divertido por la variedad de visitas que se pueden hacer. No todo son museos, existen también otras opciones muy originales que ilusionan a los peques. Subir a lo alto de un faro, descubrir el mundo de los reptiles, observar el árbol más antiguo de Francia o visitar un apartamento testigo de los años 50 son algunas de las visitas originales que pudimos hacer en Normandía.

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1.

Sube los 365 peldaños del segundo faro más alto de Europa

El segundo faro más alto de Europa impresiona con su silueta de granito de 75 metros de alto. Construido en el siglo XIX, este guardián de los mares tiene 12 plantas, 52 ventanas y 365 escalones. El ascenso al faro de Gatteville no es fácil, ¡pero las preciosas vistas merecen el esfuerzo! Los mayores subimos poco a poco, contando los escalones, mientras que los niños saltaban de dos en dos esperándonos en cada planta nueva. Nos gritaban: «¡Vamos! ¡Más rápido!». ¡Disfrutaron un montón! Una vez arriba, las vistas son tan maravillosas que no te arrepientes. ¡Un lugar realmente increíble!

Sube los 365 peldaños del segundo faro más alto de Europa
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2.

¡Alligator Bay y sus impresionantes huéspedes!

A dos pasos del Monte Saint-Michel, nos encontramos en un gran laberinto con 200 cocodrilos, lagartijas, serpientes y otros reptiles. ¡Un lugar tan impresionante que los niños se quedaron sin voz! El laberinto de dragones cuenta con 200 boas, iguanas o camaleones. Gracias a un sistema de túneles, los niños pueden acercarse con seguridad a cocodrilos y serpientes. Impresionado, Álvaro me decía: «No se saldrán, ¿verdad?». Seguimos hacia la granja, en la que vivimos el momento más emocionante. Pudimos acercarnos y acariciar a sus 300 tortugas, especies gigantes de las Seychelles y de África. No sé quiénes estaban más impresionados, ¡si los mayores o los niños!

¡Alligator Bay y sus impresionantes huéspedes!
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3.

El roble de Allouville: ¡el árbol más sorprendente de Francia!

Plantado durante el siglo IX, este roble que parece sacado de una película de Tim Burton se considera el más viejo de Francia. ¡Pero la sorpresa no se queda ahí! Su tronco hueco esconde una capilla. ¡Increíble! «¡Ala! ¡Qué árbol-capilla más chulo! Podemos pedirle al abuelo que haga uno en su jardín», me comentó Pablo maravillado. Cuenta la leyenda que cuando era joven el árbol de Allouville vio pasar bajo su frondosa copa a las tropas de Guillermo el Conquistador que iban de camino a Inglaterra. Se dice que el que llegaría a ser duque de Normandía se habría parado a sus pies. ¡Visita imprescindible que sorprende a toda la familia!

El roble de Allouville: ¡el árbol más sorprendente de Francia!
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4.

Rêve de bisons: ¡el lejano oeste a tu alcance!

Rêve de bisons es el primer criadero europeo de bisontes canadienses. Curioso, ¿verdad? En un entorno natural precioso, rodeado de frondosas colinas, las visitas en un 4×4 militar especialmente acondicionado nos acercaron a los ciervos, a los gamos y, por supuesto, a los bisontes. ¡Nada menos que 200 bisontes! ¡cómo no iban a estar excitados los niños frente a estos imponentes animales! A continuación, realizamos el circuito pedestre que nos acercó a la manada de lobos. No disponíamos de más tiempo, pero hubiera sido toda una experiencia alquilar un tipi para pasar ahí la noche.

Rêve de bisons: ¡el lejano oeste a tu alcance!
(c) rêve de bisons
5.

El apartamento testigo de los años 50

Al final de la segunda Guerra Mundial, el arquitecto Auguste Perret confirió una nueva cara a la ciudad de Le Havre. Cuando nos paseamos por sus calles, nos llamó la atención la sobriedad de la arquitectura de los años 50. Además de pensar en acondicionar el espacio urbano, Auguste Perret diseñaba muebles y otros elementos de decoración de interior. En este apartamento, desde el mobiliario hasta los objetos, pasando por los tabiques, las persianas y el parqué, sin olvidar la grifería, todo se encontraba absolutamente en su estado original. «Mira estos cacharros, mamá, son como los de la abuela, en la casa del pueblo», dijo Pablo. Tenía toda la razón, muchos objetos me recordaban la casa de mi abuela. Unas reliquias que conservamos con cariño en la casa de mi madre.

El apartamento testigo de los años 50
© Gregory Cassiau - Les Escapades

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